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Capturas de ficción

Un carácter expansivo

Un carácter expansivo

La noticia no por esperada ha dejado de causar estupor: Mstislav Rostropovich falleció anoche después de que el cáncer de hígado que padecía se complicase en las últimas semanas. Con él se va una de las voces musicales más comprometidas política y culturalmente, y al mismo tiempo más populares, del pasado siglo. Pertenece al exclusivo grupo de músicos cuyo nombre era conocido y admirado incluso por aquellos que no sabían nada de música clásica (estatus que compartía con, por ejemplo, Herbert von Karajan, Arturo Toscanini, Leonard Bernstein o Maria Callas).

Deja un legado musical enorme. Fue amigo de Shostakovich, Prokofiev y Britten. Y los tres escribieron obras para él. Poseía un repertorio vastísimo que quedó bien reflejado en la grabación de innumerables discos. Lo tocó prácticamente todo y en muchas obras sentó cátedra. Como director no despuntó tanto, pero tenía oficio y era resolutivo.

Su compromiso político le llevó a defender públicamente, junto a su mujer, la gran soprano Galina Vishnevskaya, al escritor disidente y premio nobel Alexander Solzhenitsyn, lo que le causó no pocos problemas con la cúpula política soviética. En 1974 tuvo que abandonar su país y cuatro años más tarde le fue retirada la nacionalidad soviética. Gestos de una importancia capital en tiempos de guerra fría. No volvería a su tierra hasta 1990, tras la caída del muro de Berlín.

A Rostropovich lo conocí hace trece años. Compartimos un viaje en barco en el que rechazó viajar en primera para compartir chistes y bromas con los miembros de la orquesta con la que tocaba el Concierto para Chelo de Dvorak. Más bien para compartir chistes con los miembros femeninos de la orquesta, sobre las que ejercía una gran fascinación. Trasmitía vitalidad, era un hombre excesivo dentro y fuera de los escenarios. Le encantaba comer y beber, y raramente mostraba contrariedad ante cualquier situación. A pesar de ser (junto a Pau Casals) el más célebre violonchelista del Siglo XX, no le dolían prendas reconocer, por ejemplo, que no tocaba el Concierto de Elgar porque un día se lo escuchó a Jaqueline du Pré y llegó a la conclusión de que estaba todo dicho y no podría jamás superarlo. Afirmaba que sólo aspiraba a divertirse sobre un escenario, aunque muchos le acusaron de prolongar en exceso su carrera por su excesiva afición por el dinero. Este tipo de personas siempre crean controversia.

Fue un artista irrepetible. Un encantador de serpientes extrovertido y vital.

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