23/07/2008
En la playa
El agua del mar moja mis pies. Estoy en otro lugar.
11/07/2008
A la sombra
Me dejo caer sobre la hierba recién cortada. Hace calor. Mucho calor. La sombra del cedro azul me acoge. La respiración se hace pesada. A veces cuesta. Noto que las pulsaciones disminuyen y casi puedo sentir la circulación de mi propia sangre. Cierro los ojos y me dejo llevar. Las voces a mi alrededor se diluyen. Sudar puede ser placentero. Una tarde de verano. En el jardín.
07/06/2008
15/05/2008
04/04/2008
03/04/2008
07/03/2008
Ideales de belleza
Mi amiga Blanca llegó flipada con este vídeo. No sabía de quién era.
Le llegó a través de un amigo, quien lo había recibido a su vez de un amigo de otro amigo.
Como quiero compartirlo, lo he subido a youtube para que todos lo podáis ver.
Un curro enorme y no puedo poner quien lo ha hecho. Una pena.
03/03/2008
Paraisos 1
Patagonia. Todavía quedan paraísos.
02/03/2008
Para L.
Justin y Sandrine lo rodaron en 2005.
17/02/2008
El mejor actor
El otro día, mi admirado José Sacristán dijo, en una entrevista en el programa de Radio 1 Asuntos Propios, que Carlos Kleiber había sido el mejor actor sobre un podio de director de orquesta. Y no le falta razón. Su expresividad, sus movimientos, su mirada, la forma que tenía de mover la mano izquierda, terminaban por hipnotizar al oyente casi más que la propia música que tan apabullantemente interpretaba.
El mito se creó por su personalidad esquiva, por ser hijo de otro de los más grandes directores, Erich Kleiber, y su negativa a formar parte de una industria devoradora de talentos. Un francotirador dotado de un extraordinaro don para la melodía y la expresividad. Su leyenda arrastra anécdotas gloriosas, como aquella que sólo dirigía cuando se le vaciaba la nevera, o como la de que no había concedido una entrevista en 30 años.
Pero yo no me dí por vencido, aunque mis intentos por entrevistarle se redujeron a un educado pero firme buenos días y hasta la vista. Un encuentro fugaz a las puertas de un hotel que me permiten presumir de haber cruzado unas palabras con el que, si no ha sido el más grande, sí ha sido el personaje más fascinante de la dirección de orquesta del pasado siglo. Una fascinación que ha contribuido a que mi amor por la música sea indestructible. Recordar su cuarta y séptima sinfonías de Beethoven en Tenerife y Las Palmas todavía me pone los pelos de punta. Y eso a pesar de mi nula mitomanía.
