Se muestran los artículos pertenecientes al tema Relatos minúsculos.
13/11/2009
Haiku 5
Al verte tiemblo,
y la tierra se mueve
bajo mis pies
25/10/2009
Haiku 4
La brisa roza
tu rostro y regresa
hermosa a mí.
22/10/2009
Haiku 3

Der dichte Nebel
der so tief in der Nacht kommt
hört Ihren Seufzer
(La densa niebla
que en la noche tan profunda se acerca
escucha su suspiro)
Esther Ropón
13/10/2009
Haiku 2
Si no te tengo,
el fuego que me mata
me deja frío
12/10/2009
Haiku
El agua fluye.
Todas mis pesadillas
se van con ella
20/09/2009
Ciudad
Ruido. Agitación. Volumen. Velocidad. Vértigo. Descontrol. Consumo. Placer. Inmediatez. Calma... Vida.
13/09/2009
Un día cualquiera
Como siempre Colombia-Tribunal. Colombia-Tribunal con transbordo en Nuevos Ministerios. Como siempre a las siete treinta y cinco de la mañana. Cinco días a la semana. Cincuenta y dos semanas al año. La misma hora. El mismo trayecto.
Siempre apura el sueño hasta el máximo. Hasta que ya no tiene más tiempo que para una ducha rápida y vestirse.
Por eso aprovecha los veinticinco minutos de trayecto para desayunar algo. Saca un pequeño recipiente de plástico de su mochila color camel en el que la noche anterior había puesto una fruta troceada o un sándwich de jamón que come a bocados cortos y muy lentamente. Nada sofisticado.
Mientras que la mayoría del pasaje mata el tiempo leyendo un libro en edición de bolsillo o el diario gratuito que habían entregado a las puertas de la estación, él dejaba que su mirada se perdiese en un objetivo cercano, sin más propósito que la pura abstracción.
Pero el pasado martes se fijó en ella. Era menuda, morena, de ojos oscuros, redondos. Se los imaginó expresivos. Expresivos y con la mirada perdida. Como él, parecía estar en otro mundo. Su físico le recordaba a Natalie Portman, aunque luego se reconoció a sí mismo que no se parecían en nada.
Su tez era morena, de una tonalidad que le permitía disimular un cutis imperfecto en el que se podía rastrear el ligero impacto del acné. Fue incapaz de determinar su edad con exactitud.
-Hoy las chicas desarrollan rápido y no te puedes fiar de su físico, pensó.
Su cara estaba bien formada. Pequeña, alargada, con cierto protagonismo de un mentón bien estructurado y unos labios tendentes a la carnosidad. Y sus ojos. Negros y grandes. Que no pudo apreciar en su plenitud, pues casi no levantó la mirada del suelo. Ese misterio le tenía fascinado. Intentó provocar un contacto visual mirándola fijamente con el propósito que tuviese la sensación de que alguien la estaba mirando y forzar que levantase la cabeza para averiguar quién era. Pero nada.
No era objetivamente guapa. La atracción se mueve por otros senderos.
La chica tenía unos diminutos auriculares conectados a su móvil, un Nokia N97 de última generación.
Sin apenas darse cuenta comenzó a fantasear sobre quién podía ser, de donde venía y a qué se dedicaba. Se vio construyendo una vida ajena sin reparar en el hecho de que le añadía las gotas de fantasía de las que su propia vida carecía.
Cuando se quiso dar cuenta, se había pasado dos paradas y se vio corriendo a toda prisa para coger un tren de vuelta.
Esa mañana, por primera vez en siete años, tuvo que dar explicaciones en el trabajo por llegar tarde.
04/05/2009
De pechos y buceo
El sol quema la piel como si fuera un yunque.
Un grupo de buceadores se anima a sí mismo mientras se sumerge en el agua fría del Atlántico.
Unas niñas rien nerviosas, mezcla de admiración y tontería adolescente.
Y una chica exhibe orgullosa sus pechos recién operados.
23/07/2008
En la playa
El agua del mar moja mis pies. Estoy en otro lugar.
11/07/2008
A la sombra
Me dejo caer sobre la hierba recién cortada. Hace calor. Mucho calor. La sombra del cedro azul me acoge. La respiración se hace pesada. A veces cuesta. Noto que las pulsaciones disminuyen y casi puedo sentir la circulación de mi propia sangre. Cierro los ojos y me dejo llevar. Las voces a mi alrededor se diluyen. Sudar puede ser placentero. Una tarde de verano. En el jardín.
14/11/2007
AVE
Silencio
- Ajá, contestó mientras contemplaba su reflejo en la ventanilla del tren. Con el dedo índice hizo el gesto de estirarse la piel de los ojos. Pensó que cada vez era más difícil disimular las patas de gallo. Se preguntó cómo harían las mujeres mientras manoseaba los auriculares con los que, hasta un minuto antes, había estado escuchando una película de gángsters que veía por cuarta vez este mes.
- ¿Es imprescindible que nos veamos por la tarde? preguntó. Las almohadillas de los auriculares se deshicieron entre sus dedos.
- Bien, mañana pues. A las seis.
Giró la cabeza hacia su mujer, sentada al lado. Olía a la misma laca que usaba desde hace treinta y cinco años. Esa misma mañana había ido a la peluquería. La vio muy guapa. Sin patas de gallo. Ella, sintiéndose observada, le miró.
- Nada, la adjunta de mi jefe. Que me reúna con ella mañana. No tienen ningún respeto convocándome en mi tiempo libre.
Su mujer le miró un segundo y, enseguida, regresó a las páginas del Hola que hojeaba sin demasiado interés.
- Ya..., asintió en voz baja.
No se sentía decepcionada ni preocupada. Lo que le sorprendía es que su marido pensase que todavía colaba. Cerró la revista y apoyó la cabeza recién peinada sobre el asiento. Lo que le molestaba de verdad no era que se acostase con otras. Era que la tomase por tonta.
17/10/2007
Amigos. Extraños
Y de repente se encontraron. Fue un martes cualquiera de un frío mes de febrero. Un día tonto. De esos en que nunca pasa nada. No fue un encuentro que buscaran. Ni que desearan especialmente.
Pero sucedió.
Tras años de confidencias, cañas y proyectos, su relación había llegado a un punto muerto. Héctor nunca supo por qué su decisión de mudarse de barrio tuvo este efecto, pero ya nada volvió a ser igual. Un silencio incómodo y pastoso se había adueñado de sus esporádicos encuentros. Ni siquiera hablar de películas antiguas en blanco y negro o de novela americana les motivaba como antes.
Ninguno de los dos lo buscó. Ni lo deseó.
Pero ocurrió.
Ahora son dos extraños que casi no se reconocen. Simplemente, no tienen nada que decirse.
04/10/2007
Sashimi
El pescado estaba primorosamente expuesto en los mostradores refrigerados mientras el cocinero manipulaba los alimentos con mimo, concentrado en una labor en la que parecía poner sus cinco sentidos. Tras varios minutos, el resultado eran unas minúsculas raciones, tan hermosas que parecían un cuadro cromáticamente equilibrado.Nada sobraba. Nada faltaba.
A cierta distancia, en una de las mesas más cercanas, este microuniverso de contenida intimidad contrastaba con la imagen de un cliente que engullía sin piedad la comida. Como si la vida le fuese en ello.
La escena le recordó a cómo hacía el amor con su primera novia.