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Capturas de ficción

Un siglo de desfase

La música, al contrario de las otras artes, va con un siglo de desfase respecto a los gustos del público. Mientras que hoy en día los consumidores de cultura esperan con ansiedad el último lanzamiento editorial de sus escritores favoritos, la última película o la exposición más reciente de cualquier pintor o escultor, programar a Debussy (muerto en 1918) se considera un riesgo para los programadores, que huyen espantados de ciertos repertorios ante la posibilidad de ver su sala vacía. No hablemos ya de la música posterior y vanguardista de los Cage , Stockhausen , Berio , Boulez ... Eso queda para los circuitos alternativos.

En tiempos de Beethoven , Mozart , Brahms , Wagner o Stravinsky la gente hacía cola para escuchar sus últimas obras, al margen del escándalo o la controversia que pudiesen provocar. Ahora sencillamente se ignora y no pasan de ser estrenos en festivales especializados auspiciados por instituciones públicas o grandes corporaciones deseosas de poseer un catálogo de creación contemporánea.

Los compositores hace tiempo que dejaron de buscar conexiones con los oyentes. Han delegado esa función a la música popular y se han centrado en búsquedas expresivas y en la explotación última de un lenguaje al que han acotado de tal forma que parece agotado. El futuro plantea unas cuantas interrogantes que el tiempo aclarará, aunque no augura un futuro muy prometedor.

Todo este discurso plantea una curiosa disyuntiva: ¿El creador crea para el público o para sí mismo? Posiblemente, casi el cien por cien te dirán que lo hacen para sí mismos, pero es una verdad relativa. Un artista pinta, escribe o actúa impulsado por necesidad o por explotar un talento, pero con la íntima necesidad de comunicar. La clave está en la forma.

 

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1 comentario

L.L. -

A lo mejor podías recomendarnos qué buen vino le va a qué buena composición. Un beso.
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