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03/04/2007

¿Han comenzado los vinos españoles a ser buenos?

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La noticia de que el gurú de la crítica vinícola mundial Robert Parker ha otorgado 100 puntos a cinco vinos españoles (Viña El Pisón , Contador, Termanthia , Clos Erasmus y Pingus , todos de 2004) ha supuesto un respaldo internacional que se puede considerar histórico. Sin embargo, no deja de mostrar los prejuicios que siempre han existido respecto a la calidad de una producción que hace ya varios lustros que se ha situado en primerísima linea. No hay que saludarlo como una revelación, sino como un hecho de pura justicia.

Si damos por sentado que los vinos franceses son inalcanzables (se encuentran a años luz del resto del mundo) la nueva generación de grandes vinos españoles se codea sin ningún tipo de complejos con los grandes italianos y americanos. Pero, si lo tratamos de forma global, la calidad media de nuestros vinos los supera. Eso es incontestable.

Si simplificamos, se trataría de un simple problema de marketing. El vino español nunca se ha sabido vender fuera. Si exceptuamos bodegas como Torres u otras pocas, la presencia de vinos españoles en las cartas de los restaurantes de las principales capitales y ciudades de Europa y Norteamérica es exigua. De ahí que nos consideren exóticos frente a la maquinaria propagandística e industrial de los vinos australianos (dominadores del segmento medio-bajo de consumo) y norteamericanos, a los que se les ha sumado Sudáfrica y otros países emergentes.

Eso sí, un privilegio como éste traerá como consecuencia inmediata el aumento exponencial del precio de unos vinos que en los últimos años ya de por sí han visto crecer su coste. Un consejo: compren antes de que esto suceda.

 

Martes, 03 de Abril de 2007 14:46 Autor: Carlos. ;?> Hay 1 comentario.

04/04/2007

Los vinos de años extraordinarios

Al hilo del post anterior, la pregunta del amable lector (o lectora) resulta de lo más acertada. La política de las bodegas ante situaciones provocadas por la extraordinaria repercusión de ciertos vinos se parece mucho al mercado de objetos valiosos o a la bolsa. La demanda crece, la producción es escasa, los precios se disparan. Pero no se disparan tan solo porque las bodegas suban el precio o retengan la mercancía. Los intermediarios quieren sacar tajada y dosifican la distribución. Con ello logran crear expectación entre los inversores y aficionados, y garantizan un buen negocio. Por ello, los bodegueros les culpan de la actual situación.

Se da el caso, por ejemplo, que las bodegas de burdeos o de borgoña no fijan el precio ni sacan al mercado sus vinos hasta que no los haya catado y puntuado Robert Parker. Si, es cierto. El vino es una inversión económica que ha ganado adeptos en todo el mundo. Grandes fortunas norteamericanas y japonesas copan las grandes añadas con propósitos meramente crematísticos. Aspecto este que le resta romanticismo al placer que provoca degustar una botella de un gran vino. Todo ello provoca una absurda escalada de precios. ¿Cómo es posible que un vino pueda costar 1000 € recién salido de la bodega?

En España se corre el riesgo de que suceda lo mismo. Ya es imposible encontrar un Contador 2004 por menos de 300 €. Clos Erasmus o Viña el Pisón son vinos de 110-120 € la botella. ¿A qué ya no lo encuentran a ese precio? Se admiten apuestas...

Miércoles, 04 de Abril de 2007 01:15 Autor: Carlos. ;?> No hay comentarios. Comentar.

10/04/2007

Gastronomía de terruño

¿Justifica la búsqueda de una cocina vanguardista la desvinculación de tus raíces? Asistimos cada día a restaurantes con buenas ideas y un proyecto con capacidad de llegar más allá que el simple fenómeno alimenticio, pero que por culpa de un sentido vanguardista mal entendido pierden la esencia en favor de una técnica que, en ese caso, de poco le sirve. Nada se gana por intentar impresionar a un comensal sin excesivo criterio si no se aporta nada a la experiencia.

La gastronomía desvinculada de sus raíces y de sus productos hace que pierda personalidad. A menos que articules algo tan nuevo que te sitúe al margen de cualquier clasificación, pero hablamos de un grupo tan escaso que no se puede contar con ellos. Los productos imprimen carácter y otorgan sabores. Son el reflejo de una cultura de la que la gastronomía es uno de sus principales referentes. Es la cadena de transmisión generacional más pura y básica.

Todos los grandes cocineros de este país (y de fuera) mantienen su apego a la tierra. Hacen evolucionar su gastronomía desde sus propios cimientos. Y eso los hace grandes. Es la grandeza de Manolo de la Osa en La Mancha, de Santi Santamaría, Carme Ruscalleda, Joan Roca o Ferrán Adriá en Cataluña. De Arzak, Subijana o Berasategui en Euskadi, de Dani García en Andalucía o de Toño Pérez en Extremadura. Ejemplos de una gastronomía racional tan vanguardista que no lo parece.

Martes, 10 de Abril de 2007 01:51 Autor: Carlos. ;?> No hay comentarios. Comentar.

27/04/2007

Un carácter expansivo

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La noticia no por esperada ha dejado de causar estupor: Mstislav Rostropovich falleció anoche después de que el cáncer de hígado que padecía se complicase en las últimas semanas. Con él se va una de las voces musicales más comprometidas política y culturalmente, y al mismo tiempo más populares, del pasado siglo. Pertenece al exclusivo grupo de músicos cuyo nombre era conocido y admirado incluso por aquellos que no sabían nada de música clásica (estatus que compartía con, por ejemplo, Herbert von Karajan, Arturo Toscanini, Leonard Bernstein o Maria Callas).

Deja un legado musical enorme. Fue amigo de Shostakovich, Prokofiev y Britten. Y los tres escribieron obras para él. Poseía un repertorio vastísimo que quedó bien reflejado en la grabación de innumerables discos. Lo tocó prácticamente todo y en muchas obras sentó cátedra. Como director no despuntó tanto, pero tenía oficio y era resolutivo.

Su compromiso político le llevó a defender públicamente, junto a su mujer, la gran soprano Galina Vishnevskaya, al escritor disidente y premio nobel Alexander Solzhenitsyn, lo que le causó no pocos problemas con la cúpula política soviética. En 1974 tuvo que abandonar su país y cuatro años más tarde le fue retirada la nacionalidad soviética. Gestos de una importancia capital en tiempos de guerra fría. No volvería a su tierra hasta 1990, tras la caída del muro de Berlín.

A Rostropovich lo conocí hace trece años. Compartimos un viaje en barco en el que rechazó viajar en primera para compartir chistes y bromas con los miembros de la orquesta con la que tocaba el Concierto para Chelo de Dvorak. Más bien para compartir chistes con los miembros femeninos de la orquesta, sobre las que ejercía una gran fascinación. Trasmitía vitalidad, era un hombre excesivo dentro y fuera de los escenarios. Le encantaba comer y beber, y raramente mostraba contrariedad ante cualquier situación. A pesar de ser (junto a Pau Casals) el más célebre violonchelista del Siglo XX, no le dolían prendas reconocer, por ejemplo, que no tocaba el Concierto de Elgar porque un día se lo escuchó a Jaqueline du Pré y llegó a la conclusión de que estaba todo dicho y no podría jamás superarlo. Afirmaba que sólo aspiraba a divertirse sobre un escenario, aunque muchos le acusaron de prolongar en exceso su carrera por su excesiva afición por el dinero. Este tipo de personas siempre crean controversia.

Fue un artista irrepetible. Un encantador de serpientes extrovertido y vital.

Viernes, 27 de Abril de 2007 12:27 Autor: Carlos. ;?> No hay comentarios. Comentar.


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