Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2007.

09/09/2007

De locos y francotiradores

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Ha caido en mis manos un disco con algunas obras para piano de Robert Schumann. No es un disco excepcional desde el punto de vista musical, aunque sí posee cualidades muy destacables. Se trata de una grabación editada por el sello Ambroisie con la Fantasiestücke op.12, las Escenas de Niños op.15 y Grand Humoresque op.20 a cargo del pianista francés Philippe Cassard. Pero no es de este disco en particular de lo que me gustaría hablar.

Escuchando estas obras me viene a la cabeza la fascinación que me producen los compositores locos. Esa locura que los aparta de la realidad para crear un universo y un lenguaje tan particular que es imposible que tengan descendencia artística. La enajenación los convierte en francotiradores. En artistas únicos. Se alejan de una realidad impuesta por un mundo que marca un convencionalismo que, sencillamente, no pueden entender.

Schumann volcó todos sus fantasmas y miedos en sus obras. Sobre todo las pianísticas. Bajo la forma de pequeñas piezas, miniaturas para teclado, se esconden sus temores infantiles y la turbulencia de una imaginación muy compleja. Bajo una pátina de aparente simplicidad se oculta un mundo agitado e insondable. En piezas más complejas y ambiciosas se deja llevar por esa forma de escritura alucinada y de un lirismo exacerbado tan particular. Son como cuchillos que diseccionan nuestras más ocultas pesadillas y las reflotan para nuestro desasosiego. Y esa es una de las razones por la que los grandes, grandes intérpretes de este compositor se puedan contar con los dedos de las manos.

Su vida fue una constante entrada y salida de instituciones mentales. Períodos de crisis total que compaginaba con otro de lucidez en los que trabajaba de forma extenuante. Necesitaba componer. Exorcizar sus demonios particulares a través del papel pautado. Pero a medida que pasaban los años, los momentos de oscuridad eran cada vez más prolongados y en sus últimos años de vida experimentaba alucinaciones y escuchaba voces. A los 44 años intentó suicidarse tirándose al Rhin. En ese momento, su mente ya se encontraba en otro lugar. Dos años más tarde fallecía en un sanatorio cerca de Bonn.

Y si quieren una recomendación, un vino óptimo para escuchar la música de Robert Schumann sería un tinto de Burdeos de la zona de Paulliac: corpóreo, señorial, de mucho carácter pero elegante. Complejo, denso, hercúleo.

Domingo, 09 de Septiembre de 2007 01:22 Autor: Carlos. ;?> No hay comentarios. Comentar.

20/09/2007

Música para antes de nacer

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Como estoy convencido de que la música es un perfecto vehículo de comunicación, además de una fuente ilimitada de placer y diversión, cuanto antes contribuyamos a que los demás la disfruten, mejor. Y esto incluye a las madres, quienes pueden intentar verse libres de las patadas y otros incómodos movimientos de los bebés al tiempo que desarrollan su sentido de la audición. ¡A ver si se tranquiliza de una vez....!

Sesudos estudios científicos afirman que escuchar música durante la gestación posee cualidades médicas y psicológicas. También comentan que el oído no se desarrolla hasta que el feto no alcanza las 20 semanas. Yo, por si acaso, lo haría desde el principio. Nunca se sabe.

La música más adecuada para este período, y en esto no voy a ser original, es la de Mozart. Confieso que no soy un gran amante de la obra del compositor salzburgués, pese a que reconozco su facilidad para lograr la perfección y la exquisitez de su lenguaje. Sí me confieso fan absoluto de sus óperas, del Réquiem y de algunos cuartetos y conciertos. Pero hasta ahí. Para el propósito que nos ocupa recomendaría a los papás y mamás el Concierto para Clarinete, una obra que cuando la escuchas te dan, sencillamente, ganas de vivir. Alguno de sus conciertos para piano y orquesta irán como anillo al dedo, en especial el nº21, con ese movimiento lento que no es de este mundo, o los nº 25 y 27, que destilan humanidad por los cuatro costados. Varios de los cuartetos de cuerda (los Haydn, por ejemplo) resultan perfectos por su sutil equilibrio sonoro y su musicalidad (un clásico, los interpretados por el Cuarteto Italiano) o la tópica, pero siempre socorrida Pequeña Serenata Nocturna.

Pero para aquellos más aventurados que se quieran desmarcar de las tendencias tópicas, apunten: la música para tecla de Bach (especialmente El Clave Bien Temperado y las Variaciones Goldberg), los cuartetos de cuerda de Mendelssohn, la música para piano de Mompou, las Gymnopédies de Satie o Carnaval de Schumann.

¿Una última delicatesen? la Suite Bergamasque de Debussy ¡les va a encantar a los dos!

Jueves, 20 de Septiembre de 2007 11:56 Autor: Carlos. ;?> No hay comentarios. Comentar.


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